El
asesinato e incineración de miles de mujeres en la época de Hitler; el
cercenamiento de sus genitales extirpación de su clítoris, rituales que aún se
practican en Sudan, Eritrea, Somalia, Etiopía; la explotación laboral, sexual,
y esclavismo.
Son unas de tantas razones para ensalzar la grandeza de mujeres
que han luchado de manera silenciosa por sus derechos y los derechos de las
demás.
Si bien en el Ecuador ya hemos superado algunos paradigmas, no
obstante hay más de una mujer que aún vive en desigualdad social, motivada por
los estigmas de la juventud y la edad, defecto social que debemos desechar.
No podemos luchar contra el machismo cuando aun permitimos
letreros “se busca señorita de buena presencia para que trabaje en almacén” o
“se necesita mujer soltera y sin hijos para que trabaje de ama de casa”,
anuncios que tantas veces se leen con vergüenza.
Acaso la fisonomía de su rostro o la voluptuosidad de su cuerpo tiene que ver con las destrezas intelectuales y aptitudes para el trabajo en una mujer.
No habremos conquistado la libertad de las mujeres cuando en los
centros médicos vemos las grandes estadísticas de mujeres madres de 9 hijos,
estériles por ligaduras, y ¿que decimos de la vasectomía masculina?
No podemos llamar equidad social cuando es la Madre la que lleva
en su vientre, lo alimenta con sus pechos, vela los sueños de sus hijos y lucha
por su sobrevivencia y sin embargo la ley concebida también con machismos dice:
“debe llevar primero el apellido del Padre”, aunque sea un solemne desconocido.
¿A eso le llamamos equidad?.
No podemos hablar de igualdad social cuando la Madre busca entre basureros alimento para sus hijos, mientras el Padre deambula por la calle en el vicio de alcohol, ante la indiferencia de una sociedad y la falta de políticas eficaces gubernamentales para financiar centros de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos.
Si queremos luchar por una verdadera libertad de igualdades,
debemos también luchar en contra de los paradigmas inclusive concepciones
culturales que hasta el momento no hemos podido desatarnos, mas de una Madre de
familia aún sigue enseñando a sus hijas mujeres a lavar, cocinar, y a ordenar
la casa, mientras que el hombre no se debe acercar a esas actividades porque
serían exclusivas de las féminas.
La sociedad nos ha enseñado que las mujeres son mas organizadas,
mejor planificadoras de su tiempo y de los recursos, una mujer es capaz de
adaptar su sueldo aunque sea el más ínfimo para alimentar a sus hijos y
trabajar 15 horas diarias mínimas sin descanso, de estresarse menos y producir
más.
Sino tan solo hagamos una mirada a la mujer campesina que
empieza su jornada a las 5 de la mañana para preparar el desayuno, alimentar a
su familia, vestirlos y enviarlos a la escuela alimentar a su esposo, levantar
la mesa del desayuno, alimentar y cuidar los animales domésticos, trabajar unas
cuantas horas en la pradera junto a su esposo y luego conducirse a su casa para
enfrentar la batalla del medio día de alimentar a su familia, lidiar con las
tareas escolares de sus niños, arreglar y limpiar la casa y preparar la cena,
siendo ella la última en conciliar su sueño. Más parece , una máquina verdad.
Lo propio en la mujer que labora como servidora pública que debe
hacer doble trabajo, como ama de casa y en cumplimiento con sus funciones
institucionales; al citar igual a la mujer empresaria que todas conforman el
engranaje de la sociedad y consecuentemente cada una imprescindible, mucho mas si le damos
la importancia que les corresponde como creación divina, los únicos seres de
este planeta que pueden reproducir la especie humana a través de la concepción.
Por llevar el rol tan trascendental en esta sociedad la mujer es la que
menos tiempo tiene para enfermarse, para dormir, para divertirse, porque su
actividad es a tiempo completo y sin vacaciones de ninguna índole.
Pese a los esfuerzos y
la gestión política de las reconocidas lideresas y líderes que lograron
importantes avances legislativos en pro de la igualdad: como la derogatoria de
la inconcebible causal de divorcio de 14 años de separada para las mujeres y 16
para los hombres, La Ley 43, promulgada en el Registro Oficial 256 del 18 de agosto
de 1989, pretende perfeccionar la igualdad
de los
cónyuges, y en algunos puntos lo consigue, en cuanto declara la igualdad de
derecho y obligaciones de los cónyuges, la posibilidad de aquellos que elijan de común
acuerdo su domicilio, pues debe recordarse que antes de dichas reformas el
marido podía obligar a la mujer a seguirle a donde el tuviere a bien radicarse.
La
Ley No. 88 publicada en el registro Oficial 492 del 2 de Agosto de 1990,
reforma la causal de divorcio 11ava, determinado como tiempo necesario de abandono para que cualquiera de los cónyuges, incluso
el culpable, pueda plantear el divorcio hasta tres años, y en un año para quien
ha sufrido el abandono.
Sin embargo no han sido suficientes para lograr la igualdad de
derechos el
Código Civil Ecuatoriano vigente carece de igualdades que amerita una profunda
reforma de fondo y forma.
Hechos como estos nos permite reflexionar que en la lucha por
las libertades con igualdad aún todavía tenemos mucho por hacer, debemos saber
que cada persona somos diferentes y consecuentemente pensamos diferente,
tenemos diferentes formas, de conceptualizaciones y desde allí es posible
entendernos en la diversidad, para lograr primero no debemos dividir a esta
sociedad en hombres y mujeres sino en seres humanos, de esa forma no habrá ni
grandes ni pequeños ni vencedores ni vencidos, no se trata de un combate entre
dos géneros sino una lucha por los derechos y libertades de seres humanos.

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