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| Fuente imagen: Trabajo en Español (blogger) |
Ayer por la mañana tuve la
suerte de tener en mi casa a un vecino de Linderos. Bajé al pueblo temprano para comprar un poco de leche, y me encontré con la sorpresa que en una de las
bancas del parque frente a la iglesia, acompañado de unos bombos y de dos
compañeros músicos, estaba Floro Ochoa, un verdadero personaje de la vida de
Vilcabamba, a quien aprecio mucho desde hace varios años.
Saludamos con gran
dicha y de inmediato le pedí que me acompañe a mi casa para que conozca, algo
que le tenía ofrecido hace tiempo, y que de paso comparta nuestro desayuno. Así
mismo lo hicimos. Cuando llegamos mi perrita le saludó cariñosamente; Lucia mi
mujer, aun en pijamas se sorprendió de tan ilustre visita y le expresó
bienvenida. ¡Don Floro, que gusto verle! Él tomó asiento en nuestra mesa, y en
el rato de servirle él entonó una canción con su quena, hecha de tubo de
plástico de pvc, por un lado la embocadura para soplar aire, y de la otra punta
un tapón de rosca de color rojo el cual le daba un aire de sofisticación al
instrumento. Fue una pieza hermosísima la que tocó. Conversamos mientras nos
servíamos huevos de campo, cocinados tibios.
Nos contó que recientemente
se cayó de su burro, que quedó inconsciente y al despertar su cabeza estaba
empapada de sangre. Ahora tiene un chibolo ahí. Y nos contó de su estadía en el
hospital debido a un trago que le convidaron y que no le sentó bien a su salud.
Tuvieron que ponerle varios sueros para limpiarle tan desastrosa ingestión que
le afectó al hígado. Nos habló también de su tristeza que nadie fue a visitarle
durante los cuatro días de hospital.
Floro, es un hombre que pasa
de los 80 años, y con una alegría tan grande me invitó a recorrer las montañas,
ir al cerro Campana, y a visitarlo para tomar leche de burra en su casita en
Linderos, donde todavía vive acompañado de sus burros, sus cabras, chanchos, y
una multitud de gallinas.
Para irse nos cantó un
pasillo ecuatoriano que nos habló del camino del amor. Nuevamente le acompañé,
esta vez hasta el parque, donde él se encontró por lo menos con una decena de
sus contemporáneos, todos cariñosos entre ellos, se dirigían hacia Yamburara
para una presentación musical gratuita que ellos iban a protagonizar. Él hace
presentaciones cuando le piden y le pagan el pasaje.
Vilcabamba tiene en estos
personajes el encanto de la Vida. Los dedos chuecos, labradores de la tierra,
también pueden jugar con la quena y hacer cantos que nos alegran y embellecen
el alma. Gracias Floro por la luz que emanas.
Autor: Sr. Jose Hualca

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