Ecuador posee varios lugares turísticos asombrosos, caracterizados por ser bellezas naturales, por eso, viajeros del mundo lo toman como punto de visita.
Vilcabamba, al sur de la provincia de Loja es un paraje muy frecuentado por personas de diferentes países, porque se lo conoce como la tierra de la longevidad.
Rosa Angélica Picoita Toledo, en 86 años de existencia y habitad en el valle nos relata algunas de sus experiencias más sobresalientes y datos de la historia de la parroquia de Vilcabamba.
Según la anciana, la vida en este paraje es como de rey, debido a que se alimenta bien y se puede gozar de las muchas alternativas naturales, además de disfrutar de sus aguas cristalinas, llenándose de vida.
Al relato particular de la abuelita, quien a su edad, cosía una prenda de vestir; nos adentramos en una historia de magia y aventura.
En lo más destacado pudimos conocer que el pueblo de hoy es muy diferente al de tiempos pasados, ya que la convivencia, la arquitectura e incluso la alimentación eran tradicionales.
En la arquitectura, sus casas tenían una forma sustentable de construcción. En ese entonces los materiales como la guadua, el carrizo y una especie de lodo entreverado con estiércol de ganado, entre otras sustancias naturales de la zona eran los materiales indispensables para la cimentación.
Hay que destacar que los habitantes del valle eran muy dedicados a la agricultura. Entre las semillas que se cultivaban estaba el maíz, toda clase de granos, zapallos, sambos, yuca, guineo, porque la tierra era bendecida, producía todo.
Su religión se enmarca a lo católico, por las fiestas y la devoción a la Virgen del Cisne, San Antonio y otros Santos. Una característica particular que sobresale hasta ahora en la gente, es que son muy amables y solidarios.
Rosa Angélica, con sonrisa en su rostro marcado de experiencia, manifiesta que nacer y crecer en el Valle de la Longevidad ha sido muy gratificante, porque hasta ahora ha tenido todo lo que un ser humano puede desear, no la riqueza sino la alegría de estar viva.
Hoy, la parroquia cuenta con un desarrollo a larga escala, pero todavía se conserva aquellas costumbres solidarias que marcan diferencia. Pero Rosa Angélica Picoita teme que esta tradición se pierda por la radicación de mucho extranjero, quienes van con costumbre ajenas.
Por: Gustavo Santín
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